La recepción de esta semana promete ser igual de grandiosa e incluirá una parada en Zhongnanhai, el exclusivo complejo donde viven y trabajan los principales líderes de China.
La agenda también será igual de espinosa, ya que Irán será una nueva fuente de tensión, junto con el comercio, la tecnología y Taiwán.
Sin embargo, muchas cosas han cambiado en cuanto a que Trump regresa a una China más fuerte y mucho más asertiva.
Tras iniciar un tercer mandato sin precedentes, un ambicioso Xi ha seguido adelante con sus planes de crear "nuevas fuerzas productivas" con grandes inversiones en energía renovable, robótica e inteligencia artificial.
Si el presidente estadounidense y su gobierno quieren vislumbrar el futuro que Pekín ha estado buscando en la última década, tienen que mirar más allá del imponente corazón de la capital, donde pasarán gran parte de su tiempo.
En el remoto y escarpado norte, la energía solar y eólica dominan ahora vastos paisajes.
En el sur industrial, la automatización está reconfigurando las fábricas y las cadenas de suministro, y megaciudades como Chongqing se han convertido en material para los posteos de influencers.
Gracias a miles de millones de fondos estatales, Chongqing, un pujante centro industrial en las profundidades del sudoeste del país, se ha convertido en un poderoso símbolo de una China cambiante que está adoptando nuevas tecnologías, nuevos intercambios comerciales y un nuevo concepto —ser tendencia— para mostrar al mundo un rostro más amable.
Ali Wyne, investigador de las relaciones entre EE.UU. y China en el centro de estudios International Crisis Group, cree que allá por 2017, China intentaba demostrar que estaba en igualdad de condiciones con EE.UU.
"La delegación china, comprensiblemente, dedicó un enorme esfuerzo diplomático a tratar de dar la impresión de que Xi estaba a la altura de Trump desde el punto de vista geopolítico", señala.
"Lo que me llama la atención es que esta vez esa afirmación no es necesaria por parte de los chinos", agrega Wyne.
Washington reconoce ahora a China como un "par cercano", afirma el investigador, quien describe a Pekín como "posiblemente el competidor más poderoso al que se ha enfrentado EE.UU. en su historia".