El cuarto concierto de Fito Páez en el Movistar Arena de Buenos Aires quedará guardado como una de las noches más disruptivas, polémicas y calientes del rock argentino reciente. El músico rosarino decidió romper con su libreto habitual de clásicos imbatibles y apostó por una jugada muy osada que desató la indiferencia, el desconcierto y los abucheos de un sector del estadio.
El detonante: un disco entero sin previo aviso
Fito lo había anticipado de forma intempestiva en sus redes sociales, generando un "panic attack general" en su propio equipo de trabajo. Decidió que la primera hora del show consistiera en la interpretación completa y en orden de Novela, su ópera rock de 25 canciones que fue gestada en los años 80 pero editada recién en 2025.
Acompañado por el relato de la actriz Lorena Vega, el concierto arrancó con esta propuesta conceptual. Sin embargo, a medida que pasaban los minutos, la paciencia de una parte de la audiencia empezó a agotarse. Mientras muchos se distraían o iban al sector de comidas esperando los hits de siempre, un cerrado grupo de la platea rompió el silencio con silbidos antes del intervalo, dejando un clima sumamente espeso en el estadio.
La crítica a Soda Stereo y la "cultura del algoritmo"
La polémica de la noche no terminó en el escenario del estadio, sino que se trasladó con fuerza al plano virtual. En las últimas horas, las redes se inundaron de debates en torno a la paciencia del público actual. En medio de la discusión, Fito Páez encendió la mecha al replicar y validar en sus cuentas oficiales una durísima crítica que apunta de forma directa al polémico show con hologramas de Soda Stereo.
Además fans del músico mostraron su apoyo en redes sociales comentando: "Estamos tan arruinados por el consumo rápido y la dopamina instantánea que ya no sabemos habitar lo que no nos complace en 30 segundos. Van a un recital como quien pone una playlist de Spotify: esperan hits, nostalgia y una foto para Instagram".
Elevando el tono de la crítica social, el descargo reposteado por Páez cuestiona con dureza la fascinación del público masivo por propuestas predecibles y comerciales.
"No quieren artistas. Quieren hologramas obedientes. Rodolfo no lo es", exponen en apoyo al artista, en clara alusión al reciente espectáculo Ecos, donde la mítica banda recurrió a una proyección tecnológica de Gustavo Cerati. "Hay gente que no fue a ver a Fito. Fue a escuchar Mariposa Tecknicolor, filmar 15 segundos y subir una historia... El algoritmo les quemó la cabeza", concluyen el crudo análisis que el músico decidió visibilizar ante sus millones de seguidores.
El cruce con la gente: "Peleador callejero" y reproches al piano
Fito tomó nota inmediata del asunto y no se quedó callado. Al regresar al escenario para la segunda mitad del show, se plantó con una actitud desafiante. Durante la interpretación de "El amor después del amor", miró fijo a la tribuna que lo había abucheado y disparó sin filtro: “¿Tenían ganas de cantar allá? No te escucho. Canten más fuerte, man. No te escucho nada”.
Minutos más tarde, sentado al piano antes de arrancar "Al lado del camino", ensayó un descargo sobre los silbidos recibidos:
“Yo amo, no sé odiar. Y me gusta compartir todo. Todo, es todo. Menos, muchaches, menos. Porque está bueno todo, el polvo está bueno lento también. Está bueno detenerse a escuchar al otro, porque te están haciendo un regalo”.
La catarata de himnos y la tregua final
Tras marcar la cancha, el rosarino dio paso a lo que la multitud había ido a buscar. Lo que siguió fue una demoledora catarata de himnos históricos: "11 y 6", "La rueda mágica", "Circo Beat", "Brillante sobre el mic", "Ciudad de pobres corazones", "A rodar mi vida" y “Mariposa Technicolor”. Con el público finalmente rendido a sus pies, Fito manejó el coro masivo como un director de orquesta en son de paz.
"¡Nunca voy a olvidar esta noche! ¡Este concierto! Me sentí más vivo que nunca", escribió emocionado el artista en sus redes tras bajarse del escenario. En su descargo, describió la velada como una mezcla de “amor, rabia, pelea callejera y antropología porteña”, cerrando con una declaración fiel a su estilo: “Me encantás Buenos Aires, porque sos reloca y zarpada”. Una noche incómoda, provocadora y arriesgada de un músico que, a esta altura de su carrera, demuestra que sigue disfrutando de la polémica.